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sábado, 1 de agosto de 2009

Insomnio

Destruirlo todo.
Quemar el espacio de realidad que nos toca.
Eso es.
Arrancar los harapos de la memoria,
adivinar el mutilado cuerpo de una vida que se cae a pedazos,
subyugante y con anima de forma...

El arquetipo bélico que dimenciona las heridas.
Lo que se hace porque así tiene que ser,
lo que es porque se hace,
aquello que respeta la paciencia de la razón:
conciencia de los caminos sin verso.

Sólo entonces reconocemos el opuesto:
que la ausencia de esto es eso,
que cuando eso,
que lo otro es menos cierto...
o que la verdad se anticipa por mucho a la valoración
y queda ante la vista como un embeleso cualquiera;
una imagen más a la colección de Tabúes,
el dulcificante de las parodias,
un ancla desde el infierno a las alas de una frágil mariposa,
el tigre que siempre está y que nunca ...

Viene a mi pluma una herencia arraigada.
Es sustancia el río de las ideas,
es preludio del transcurso,
se hace volátil la omnicencia,
se liga a la alusión de algo inherme,
una gran necesidad vuelta pliegue de toda una era,
recrudecida por tantas cosas tan distintas:
un indiscutible cuerpo que encontró lugar en la ignorancia de lo latente.

Rio, rio, rio.

La noche se queda tranquila.
Cada vez se repite con más frecuencia el mutilaje del pasado,
pero su paso es aún superior al curso natural.
Hay un indudable adagio de precipitación hacía lo oscuro.
Se queda tranquila y maulla una melodia de piedra...

martes, 30 de junio de 2009

Yo
no

busco
encontrar

algo:


Lo frugal de lo probable no deja imaginar gran cosa,
deviene una tormenta en pequeños trozos del sueño,
el liquido de lo onírico adhiriéndose a los amuletos,
disgregada forma de caer lento sobre cada párpado,
total desvío de lo real que se arrastra entre huellas,
designio de un pardo horizonte vuelto perlas y sal,
cadáveres primigenios de un tiempo sin porvenir,
el ruido va perdiéndose en la entraña del mundo,
frívolas otredades de un resto que casi escucha,
el adagio engrandecido se vuelve la totalidad,
nos remonta un eco ceñido a desgajada piel,
mando esta claridad a los cráteres de nube,
gentilmente esperanzando lo más seguro,
somos idílicamente sin definida forma,
de una luna a otra va nuestra mirada,
aquí no existe la sombra personal,
divagamos sobre algo etéreo,
preguntan sobre el silencio
y huye en veloz espasmo,
pasos de sol en la arena,
cristal de agua y lirios,
débil camino de flores,
E
L

*

T

I

E

M

P

O

*

capciosas E vanidades,
gana sagaz S de inventar,
un río incierto * y sacros peces,
impaciente *** U**** lapso y día,
jardín de *******N******** delicias,
uto ************ A********* picidad,
tiem **************************** po,
**************** S*****************
***************** E******************
****************** M*******************
********************I*********************
********************* L**********************
********************** L***********************
*********************** A************************
****************************************************
************************** D***************************
*************************** E****************************
***********************************************************
***************************** A******************************
******************************* I ********************************
********************************* R**********************************
********************************** E***********************************
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Un poco movido por el formato de word y el del blog, pero más o menos es la forma que debe tener.

domingo, 14 de junio de 2009

El fuego de la nube

Sobria y exigua manifestación de la noche:
en la mirada he guardado una larga cordillera de ideas,
el sueño –un látigo- se presenta embebido en el gélido ambiente
como un trato de las estrellas y la efigie dislocada del tiempo.

Dejé de prever el despegue recrudecido del asfalto,
la víspera continúa pariendo sensaciones y momentos abruptos.

He soltado las riendas de la sorpresa entre el alcohol y la poesía.

El sonido emerge de una concesión que nos da el recuerdo,
vuelve la época en brazos de unas cuantas líneas,
la dulce voz de la madrugada nos sugiere reinventarlo todo,
hay ese humo que somos nosotros
y hay otro humo que se funde en nuestros breves cuerpos.

La vuelta del globo se refleja en tan magno horizonte,
una lluvia de sombras se descuelga desde el suelo,
la fantasía se incorpora a la pieza en avivado tropel
y al fin la nube se prende fuego con la llama del siguiente día.

martes, 2 de junio de 2009

De golpe

Basta con saberse de tierra y agua. Es aullido esta filiación de oscuras mímicas:
deviene un aparente tratamiento para las larvas de papel; engranaje indolente y blando;
perseguidor con ojos pardos; nihilismo que deja de lado lo selectivo; vaho de saciedad.

Y es de golpe como se alcanza la única sutil cúspide: el entendimiento del sueño:
vertiginosidad del lóbrego pozo de los recuerdos; de una mancha que exhala ritos;
turbia, casi contradogmica.
Por eso es de golpe. El temblor sale por la seña y por la palabra no dicha.

Una quilla atada al cráneo plantando nuevas estelas de espuma entre cada noche;
distendiendo los pliegues de lo onírico; surcando la virgen piel de lo anhelado;
despertando el sueño a un contrasentido épico: el despertar, pero ¿de que?

De un golpe: Sobresalto fuera de lo que es visible.

viernes, 29 de mayo de 2009

Sé

Sé gusto de lo inhibido como los rayos prisioneros de la palma:
un sarcófago herido de muerte; silencio despellejado por un dedo agudo y cruel;
carrusel delirante de la expectativa; relato penoso casi medio contado:
arrebato suprimido por la implacable planta de la apariencia.

Sé crujir pesaroso de luna y mar, por la vista a la distancia:
conviértete en un reiterar los sueños; un desvarío voluntario;
un despertar a la realidad que se queda a medias observando el crepúsculo;
una formula para cada embrujo; una cifra mecánica de los sentimientos;
un ahogo; una intranquilidad certera y meditabunda; una suerte incompleta y vil.

Sé arrebato de todo eso.
Sé tú: seguro, impertinente, voraz, y lo que reste por ser.

viernes, 8 de mayo de 2009

Ciudad

Se perdió una bandada de cuentos:
Los sueños raramente esquivos;
larvas matinales de la saciedad;
antiestructuras; edificios pintados de aire.

Se me fue esa maldita ciudad sepulcro:
Una enseñanza perezosa de las amplitudes;
la exclamación irracional de las brasas;
el desenfado de tanta muerte; la cólera.

Una dilatación de las soledades me lleva a combinar las trazas con el tiempo.
Que me lancen abismos disfrazados de rocas.
Que me aten al atril de los planetas:
subyugado por tumultos de placer;
en arraigo y lobreguez fecunda,
me sesgo por la misma aplicación de las ideas.

domingo, 3 de mayo de 2009

Presentando el jirón de pulpos

Protesta abdicada de la lógica: diluido intento, si las soledades,
llanto de la piel, si las brasas del viento.
Se tiene de antemano la insolencia del derrumbe; la cristalización de las barajas;
el ideal fatídico y engañoso de un raro polen: Santo Grial de las pasiones,
un nuevo descomienzo, un retroceso anexo a las impertinencias del oficio.

Y solo un trozo de la luna sosteniendo tantas canciones y tan pocas miradas.
No recrimina el sonido: la falacia de las cuerdas; los dedos que juegan
con el humo y las notas; la humedad que no tiene clave; el sabor de esa luna
lechosa y vil, desmoronada, dispersa en paquetes de plástico; el ratón.
¡No recrimina el son ido!

Se aleja la llamarada de tonos. Es tarde cuando de nuevo hay sombra.
Nulo lucero o luz cero. Oscuridad de voz de cuervo: un dejo de mar pausado;
postre de silencio; dosis exacta de alfombras: albor en los pechos de ave;
cielo inventado por las alas; reflejo de un incendio de pupilas y de arcos.

Es crudo el recordar cuando se encuentran las inmensidades y las escafandras.
Siete tonos desgarrando el remanso de la ilusión; de la estela sin letras;
de la salvedad subyugada en los dioses de piedra; de los dedos que acarician un acorde.

No se llega al final de la catarsis: nacen cambios nuevos; augurios reincidentes;
inflamación de las deidades; suerte de principiante; meollo en uno; alineaciones;
soles de cabeza; hogueras con sabor a sal y a sangre.

martes, 28 de abril de 2009

Te mando esta luna huérfana

Te mando esta luna huérfana.
No hay letra que haya caído lejos del papel
y todo se va resumiendo en una especie de hueco:
la maraña de las pieles, los dejos innecesarios,
la palabrería, los gestos del lápiz, la mano
sin cuerpo.

En esta luna se van adhiriendo mis reinvenciones;
mis artilugios; mis mentiras; las cosas ocultas bajo
los parpados; el dolor mortal de la psicosis; los
intervalos; la maravilla del silencio vuelto perla;
la contraluz de los objetos que hurgan cuerpo adentro;
las tribus que tengo en la cabeza; los nonatos que se
arrastran de vena en vena y circunvalan mi vaguedad.

He dicho tanto. Hemos dicho tanto. Han dicho tanto.
El lenguaje nos contiene como en una capsula,
como si fuésemos de agua o de unisel. De tal suerte
que en este mundo de títeres-titiriteros-solos, la realidad
se va quedando rezagada a un lado del engendro de los labios.

El caso es que te mando esta luna huérfana. No se me ocurre nada más.
Tengo aquí en mis manos un puñado de malditas galaxias y nada tiene sentido.
Es un montón de esencias de fantasía, de insurrectos entes envueltos en el puño.
¡Si!, tengo un botín de planetas. Tengo un bocado de estrellas y nimbos;
un derrame orgásmico; tal vez un circulo o dos; largas llanuras de materia
cruda; visiones; aleteos de oruga; exigentes paladares de roca; un estruendo
que amenaza los ídolos; un quebranto de peces siderales; todas las constelaciones
metidas en el cajón; profecías empapadas de tinta; un grito gutural intraducible.

Te mando esta luna huérfana para que el viento no se lleve tus poemas,
pero no la veas nunca como un pisapapeles cualquiera.

lunes, 27 de abril de 2009

La evocación es una mordida dulce y sin dueño

Hay una mordida ululante, impúdica y larga,
como este espasmo de letargo y de recuerdos.

Es un ave que te quiere arrancar del pasado;
recobrar el símbolo de lo que fuiste;
transgredir la finitud de las pasiones;
deshacer lo deshecho.

¡De nada sirve el mar de ojos
porque la lagrima que los llora se ha secado!

No he podido encontrar el hilo ni el laberinto;
dejar de pensar en el pasado como una flor
que se desteje; abandonar el naufragio;
desaparecer dentro de un vortex liquido y certero,
donde reposa tu cuerpo en plena desnudez,
donde solo está tu sol y tu trébol sin hojas.

Es posible que seamos participes de un destino.
Te invito a esto que mis dientes le hacen a tu imagen,
como un cariño frío y desganado, como tanteándote
en una idea exacerbada y quieta.

Miel a futuro: las alusiones.
La rodaja de coincidencias que se arrastra a un lado:
Un sonido, un guiño de la lluvia, un temblor en los odios,
el derrumbe de los astros, vejaciones, cosmologías inacabadas,
las melodías sin tacto, los atardeceres tremendamente lentos,
las noches irracionales, las botellas con rostros al fondo,
cualquier anticipado descubrir de pistas, un presentimiento
de miradas, una necedad infecunda, el anhelo de algo volar
o de que vuelen.

Aquí aún siguen palpitando las rocas.
Parece que fueran ramos de sangre y
he querido que las tengas, pero no hay formas.
La tarde se tiene que matizar sin manos juntas
y sin cuerpos, caminatas; besos; pensares al viento.

Podemos disponer del espacio y del tiempo
en el momento exacto. No antes. Puedo dejar
de morder y pasar a otra cosa.

martes, 21 de abril de 2009

Leve poema de las cosas

Cuando entras en el ocre atardecer de la ciudad sin nombre.
Cuando tu sombra baja y tú subes, por ser el único peso que tenias.
Cuando se congelan todas las ideas en un crisol incierto y destructivo:
tarde que suspende todo; que despedaza la gravedad de los objetos con sus rayos;
que unge de colores ambarinos la claridad de los ojos y la oscuridad de las palabras.

El mutismo en todo eso: somos silencios huecos;
mínima capa de piel y bello; suspiros apagados con la mano;
aromas volátiles; intentos de nube; etéreos; casi pizca de algo.

He visto como se elevan ciudades enteras bajo la inclemencia de cualquier brisa.
Allá en lo insondable del mundo han ido a parar culturas enteras con todo y suelo.
Gastamos uno y mil tiempos en construir flores. Es frágil lo que inventa el hombre.
Las ciudades, los puertos, las aldeas. Todo esta a la espera de que alguien sople.
Somos paja amontonada; dientes de león; patas de araña sujetas con su propia tela.

lunes, 20 de abril de 2009

**

Cada encuentro es la obertura de un silencio anónimo.
Aquí en mi boca reposan un millar de voces,
como látigos incorruptibles de la mente.

El intento ambiguo de envolver las cosas
se transfigura en la portada de cada momento.
Si fuéramos vapor, seriamos más densos.

Una vida tratando todo.
Que somos sino obreros de una construcción que a diario se desteje
esperando al forastero tiempo en que la muerte arribara desnuda,
como si el juicio se tratara de otro intento más.

Perdiendo las posibilidades:
Soltamos el peso de nuestros pies,
y somos una palabra dicha con premura.
Frágiles, escuetas membranas de polvo y agua,
como si en lugar de caminar,
flotáramos entre el sonido y la luz.

Tocaremos puerto en la realidad si un verso nos atrapa entre su tinta.

jueves, 16 de abril de 2009

Sutil

Tanta noche no entra en la complejidad del sueño.
Afuera siempre hay movimiento.

Un eco pálido:
la forma de los callejones.

A lo lejos un gato parece
la fuente de todo murmullo,
porque tiene tanta vida y
tan calmada, que su ronronear
es deleite para los insomnes.

La noche está perdida
entre los sonidos de la
ensoñación y el respirar
lacerado de los astros,
que mueve ramas y cortinas por igual..

Cada quien con su parvada de sueños y de símbolos.

En los párpados reposa un destello autómata,
como de luna nueva o de caparazón bruñido.

Un algo tienen los rostros,
una extraña satisfacción,
un especial encantamiento
que pone a viajar las almas
por medio de la sinfonía nocturna.

Planeta vuelto cápsula de rumores ilegibles.

Rumor:
secreto éxtasis de la creación cuando todo reposa
y solo ese animal, a oscuras,
memoriza el mundo para no medir sus pasos al día siguiente.

miércoles, 15 de abril de 2009

Deja vu

El agua hilvanando
desesperos. Fragmentos
únicos de lo consumido.
Viajes a la entraña desgarbada
del presagio.

La vida se abre grande
y severa, como una mandíbula
que se jacta de tragar almas.
El vicio del destino es
practicar las fatalidades.

Cuando el concreto da vuelta
bajo el mismo par de pies
y se hunde en una escena
borrascosa, húmeda, atizonada,
para variar (senil) , se van formando
nudos en el ciclo de las cosas.

El viento pierde su palabra:
Es momentáneo el indagar,
porque hasta el cielo esta
calculado por una operación
que emerge del graznido de las aves,
o de la quimérica remembranza,
puesta en la boca como un caramelo
de ceniza.

“Esto ya me pasò” -dicen-.

¿Quienes?

Aquella mezcolanza de la
mente y de la ensoñación
que abastece de engaños,
es para muchos dudosa,
pero el suceso (regocijo
de lo que en verdad es)
se postra ante la casualidad
como la irrefutable prueba
que esto pudo, fácilmente,
ser aquello.
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