miércoles, 15 de abril de 2009
Deja vu
desesperos. Fragmentos
únicos de lo consumido.
Viajes a la entraña desgarbada
del presagio.
La vida se abre grande
y severa, como una mandíbula
que se jacta de tragar almas.
El vicio del destino es
practicar las fatalidades.
Cuando el concreto da vuelta
bajo el mismo par de pies
y se hunde en una escena
borrascosa, húmeda, atizonada,
para variar (senil) , se van formando
nudos en el ciclo de las cosas.
El viento pierde su palabra:
Es momentáneo el indagar,
porque hasta el cielo esta
calculado por una operación
que emerge del graznido de las aves,
o de la quimérica remembranza,
puesta en la boca como un caramelo
de ceniza.
“Esto ya me pasò” -dicen-.
¿Quienes?
Aquella mezcolanza de la
mente y de la ensoñación
que abastece de engaños,
es para muchos dudosa,
pero el suceso (regocijo
de lo que en verdad es)
se postra ante la casualidad
como la irrefutable prueba
que esto pudo, fácilmente,
ser aquello.
domingo, 5 de abril de 2009
...
El paseo
Decidí caminar y salí. Abrí la puerta con más determinación de la que nunca tuviera antes en otra cosa. Di el primer paso fuera del apartamento. Solo escuchaba el débil quejido de la olla con algún extraño caldo, que se desparramaba sobre la estufa, apagando casi la mecha que lo mantenía hirviendo, y los gritos de mi mujer rogando desde la regadera que pusiera en un nivel más bajo el fuego y me sirviera yo mismo la comida. Últimamente ninguno de los dos se daba tiempo para el otro, nos veíamos muy poco y ni hablar de divertirnos un rato por la noche. Su trabajo la tenía absorta y a mí el mío me tenia hastiado. Me hubiera gustado decirle que dejáramos todo eso y que nos fuéramos a recorrer el mundo para vivir como es debido, pero estaba tan entusiasmada con su empleo de fotógrafa para el periódico, que no me atreví. Ya era tarde para pensar en el asunto. Por fortuna, y lo digo por como se fueron dando las cosas, aun no teníamos niños de por medio.
A pesar del amor y todo lo que en mi matrimonio aun continuaba, aunque a duras penas, vigente, no me dolió salir sin decir nada. Al contrario de una duda que me turbaba, me sentí sereno y despabilado. Tanto que al principio me asusté y hasta estuve a punto de regresar sobre mis pasos, bajarle a la mecha, servirme el caldo que seguía desparramándose sobre la estufa, prender el televisor, esperar a que mi mujer se fuera al trabajo y tomarme un trago antes de ir a la fabrica. No fue así. Me tragué la extraña sensación junto con un poco de saliva que se me había acumulado por el ensueño en que estaba envuelto y dejé todo atrás. Dejé que esa vida, últimamente tan vacua, me viera partir por última vez, alejándome con una sonrisa irónica. Ni siquiera cerré la puerta para que todos los muebles de la casa me divisaran riendo a lo lejos y se hicieran a la idea de que ya no habría de estar allí. Para que la cámara de mi mujer que me miraba desde el sillón, me tuviera ante su lente una sola vez más y ya nunca en lo sucesivo.
Era tan libre. Aun no había pensado a donde ir y opte por tomar un trago en un tranquilo bar a unas cuatro cuadras de ahí, mientras se me ocurría algo. Al fin y al cabo no tenia que rendirle cuentas a nadie, ni reportarme a trabajar o preocuparme por la hora. Estaba yo solo y yo era en ese momento lo más importante para mí. Debo admitir que tanta facilidad y sosiego no me eran del todo agradable, pero ya cambiaria la cosa cuando me tocara buscar donde dormir y se me acabara el dinero que llevaba en la cartera. Entonces comenzaría lo bueno. Llevaría mi vida al límite como había soñado por mucho tiempo. Eche a andar y fui calle abajo silbando una melodía que me vino a la mente, habiéndola escuchado cuando joven.
Entré por el par de portezuelas color blanco y tome asiento en una pequeña mesa cerca de la barra. Le pedí un trago al cantinero y lance una mirada rápida al lugar. No había cambiado mucho desde la última vez. Vacié el tequila de un trago y pedí el siguiente. Mientras aguardaba, me llamo la atención un tipo en la barra que se revolvía los cabellos y miraba temeroso de un lado a otro. Sus labios temblaban extrañamente, como si lanzaran frases desarticuladas al espeso aire del bar, y me acomodé a observarlo con la expectativa de que algo interesante pasara.
Durante poco mas de una hora pude notar que vaciábamos nuestras bebidas a un ritmo semejante, solo que el estaba tomando cerveza. También advertí que algo lo tenia bastante afligido. Volteaba mucho a mirar la entrada, como si esperara a alguien o como esperando que ese alguien no llegara.
Un rato después comenzó a entablar fugaces pláticas con los borrachos que tenía más a la mano. De eso, paso a armar todo un barullo gritando los errores de su pasado y pidiéndonos a los presentes que expiáramos sus penas, para poder recibir a la muerte con tranquilidad. Era una locura, seguramente todo acabaría de una forma dramática.
Minutos mas tarde se tranquilizo y tomo asiento de nuevo. Permaneció en total mutismo y tras pedir un trago dejando de lado su tarro de cerveza, se dispuso a pararse y echar mano a la bolsa trasera del pantalón para sacar su billetera. Antes de que perdiera contacto con el banco se escucho el ruido de las puertas de entrada que dieron paso a cuatro tipos con muy mala pinta.
Entraron y fueron directo hacia donde el estaba, acercándose un banco para cada uno. Con un movimiento de cabeza se hicieron servir un trago y las cuatro copas se vaciaron a un tiempo. Uno de los recién llegados emprendió una charla con el escandaloso que apenas se había calmado, conversaron muy poco, pero fue una platica turbia, según pareció. Un silencio intrincado los envolvió y hubo un nuevo movimiento de cabeza, que en esa ocasión indicaba que les llevaran no cuatro, sino cinco tragos. Pague mi cuenta y me fui decepcionado del final del asunto. Yo creía, que iban a golpearlo o hasta matarlo. Todo apuntaba a eso.
En fin -me dije en voz alta. Salí a buscar un lugar donde dormir por que la noche ya caía sobre la ciudad, lenta, pero decidida.
Por la noche estaba hospedado en un viejo hostal de un barrio peligroso al otro extremo de la ciudad. El departamento tenia una recamara con una cama individual, un baño y un pequeño cuarto para cocinar. Había salido a caminar y termine ahí, yo mismo estaba asombrado de que hubiera llegado tan lejos. Ya un par de veces atrás había intentado lo mismo y por la noche volvía a casa con el espíritu vuelto añicos y con el orgullo hasta el piso. Pero aquella vez estaba seguro que era definitivo.
A la mañana siguiente me levante muy de buenas y descansado. Me daba la sensación de haber dormido mucho tiempo y muy cómodo. Así se sentía la plenitud del alma. La tranquilidad que se alcanza solo cuando uno esta cada vez más cerca de las cosas deseadas. Parecía estar en un sueño, hasta probé con eso de darse un pellizco en el brazo y me dolió. Luego pensé en lanzarme por la ventana por que el ardor del pellizco no era suficiente prueba de que aquello era real, pero al ver que era una estupidez lo deje así y busque algo para desayunar.
Improvisé algo que no me quedo muy bien, por cierto. Extrañé las mañanas en que mi esposa me preparaba el almuerzo y siempre sabia lo que yo quería sin que le hubiera dicho nada. Me sacudí de la mente esas ideas y prendí el viejo televisor que había en la recamara. Sintonice el canal de las noticias y le hinque el diente a eso que me había preparado que parecía más bien comida para cerdos por que estaba todo amontonado en el plato.
Comenzaba a aburrirme y me pare de la cama para cambiar de canal, pero una noticia me llamo la atención. Algo que me pareció muy extraño, no por el hecho en sí, sino por la casualidad: Un incendio. Había sido una explosión grande, según lo que comentaban. Antes de que dijeran el número de departamento y el nombre de los dueños como suelen hacer, ya sabía yo que era mi departamento. -La mujer murió calcinada -dijeron- Vecinos dicen que tiene esposo, pero no se ha dado con él. Si esta viendo esto, se le pide que se reporte a que le hagan algunas preguntas.
Escuchaba como una pesadilla, no podía estar pasando. No podía asimilar la facilidad con que la muerte se acerca y arranca algo cercano a nosotros. Algo tan preciado, a pesar de todo. Nunca hubiera deseado eso para ella y sin embargo era mi culpa. Todavía la amaba como un loco. Me sentí muy mal. Además, no se dio cuenta de que la había abandonado. Murió llevándose consigo una buena imagen mía. Yo, una bestia, un animal tan idiota como para no haber apagado una simple mecha antes de partir, cuando pude haberlo hecho. En primera, partir había sido una tontería. Huí de mis problemas en lugar de hablarlos con mi esposa sin medias tintas. Estoy seguro que ella hubiera entendido.
Ya nada tenia sentido, tenia que incorporarme de nuevo a la maquina. Ir a dar mi declaración y regresar a lo cotidiano, ya no tenia chiste vagar por ahí como un errabundo cualquiera que no tiene a nadie mas. Tal vez lo que me excitaba de escapar era que alguien me tenía en su mente mientras yo intentaba alejarme de ella y de todo. Rondando como un vagabundo, lo se, pero como un vagabundo observado todas las noches por una mirada lejana, amorosa y fiel, que lo ultimo que pensaría es que su esposo la había abandonado y siempre tendría en mente la idea de secuestro, asesinato o algo por el estilo.
Fui a declarar, luego le eché un vistazo a lo que quedo del departamento y de los departamentos vecinos que alcanzo el fuego. Entré por esa puerta que había jurado nunca volver a ver y hallé todo destruido por la furia del fuego. Todo despilfarrado en cualquier sitio. Lo único que extrañamente estaba en buenas condiciones, casi intacta, era la cámara de mi esposa. Sin la tapa del lente como solía dejarla ella. Ahí, tirada en el piso y sin dejar de mirarme con su ojo único, levemente cuarteado. Solo aquel extraño cíclope había resistido el desastre. Era como si algo le hubiera protegido al momento en que todo paso.
Salí del departamento sumido en una tristeza terrible y me aleje, cargando con esa pesada mirada en mi espalda que me hacia sentirme más culpable. Esa lente me perdonaba por lo sucedido, a diferencia del resto de los objetos de la casa que si habrían tenido vida, me hubieran hecho añicos. Esa lente en que la pequeña fisura daba la impresión de una lagrima congelada, por siempre, en un ojo.
Dìa a dìa
Se desdobla el sonido
y el sudor flemático de las hojas
trae consigo una mañana
sin estrellas y sin sol.
Las nubes inacabadas se pierden
en la niebla.
Hay ruidos vagos que sugieren vida
y cantos embozados en la garganta
de las aves.
El sereno trepidar de las larvas
da inicio a un efecto mariposa
que hace despertar a todo lo
que aun estaba dormido.
Estiro los brazos intentando sacarme
de encima las cobijas que se
aferran a mi cuerpo como una
membrana protectora, como si fuera
otra larva que le huye al frío.
Permanezco enrollado, entre
dormido y despierto, pensativo,
mirando por la ventana para tantear
el clima. Parece que me lanzaron o
que caí de la rama en que
esperaba el cambio.
De nuevo llegare tarde al escuela,
Pero no importa.
lunes, 30 de marzo de 2009
Poiesis
sin poetas, la gente se
quedaría sin mundo...
El poeta es un animal
que nunca duerme. Sueña,
más no logra evadir la lucidez.
Siempre alerta; creando;
recreando; retocando el mundo;
con un puñado de símbolos
en una mano y una pluma
con espinas en la otra.
Y todos tan tranquilos,
tan estupidamente tranquilos,
ociosos, trazos de la nada, intentos
de carne, gasto, espacios, tiempos,
todo vacuo. Todo-nada. Nada.
Nada de que me tenga que
preocupar, arriba siempre está lo
mismo, abajo igual. Aquí, ni se diga.
la tranquilidad de lo estancado,
de recurrir a mis adentros, de exprimir
las rocas y hasta el viento.
Pero algo tiene que salir,
no hay duda…
lunes, 16 de marzo de 2009
Aquí está
Subió sin tocar siquiera la baranda. Sus pasos cuidadosos lanzaban menos sonido que su respiración. Parecía flotar, y tal vez así era. Una vez en la planta alta, fue a mano izquierda, como le acababan de indicar, y empujó la puerta con el puño cerrado, liberando de las bisagras su llanto aterrador de soledad y encierro.
- Qué bueno tenerte de vuelta, desde aquella vez no sabía nada de ti.
- ¿Y por qué nunca se fue?, todo está en ruinas.
- Pero yo no.
- Pronto lo estará.
- En todo caso ¿a dónde querías que fuera?
- Pues a donde van todos, ¿qué problema había en ello?
- A mí no me gusta ahí.
- Pero nunca ha estado ahí.
- Por eso no me gusta
La recamara parecía un almacén de muebles y de tiliches más que un dormitorio de alguien de su edad. Una espesa nube de polvo flotaba suspendida en el sopor de los olores del viejo, de las ratas y no se cuanta cosa más hubiera en ese sitio.
- No debiste haber venido muchacho, tú ya no perteneces a estas tierras. El viento me aviso que algo andaba mal. Hoy la noche se va a poner tosca.
- No se preocupe, no me quedare tanto tiempo como para que eso pase.
- ¿Entonces así están las cosas?
- Todavía no me entiende; vine a despedirme.
- Claro que te entiendo, desde que cruzaste la puerta supe a que venias. Lo sabía, incluso mucho antes que eso pasara.
- ¿Cómo sabe sobre eso y a qué he venido?
- De igual forma que lo sabes tú; de igual forma.
- En ese caso, ¿para qué alega tanto?
- Por que no me parece la idea de que hayas muerto antes que yo. Hace muchos años te dije que esperaras a que yo me fuera, entonces eras libre de hacer lo que te viniera en gana.
- Se me salió de las manos, abuelo.
- Te dije que no podría soportarlo. Por eso estoy así, mijo.
- Perdón abuelo.
- ¿Y ahora qué hago?
- Vámonos de aquí.
- ¿A dónde?
- A caminar abuelo. A caminar y no detenernos nunca. Como usted me dijo cuando niño ¿se acuerda?; ir derecho sin aligerar el paso.
- Esta bien mijo, nada más revisa que no se vaya a quedar prendida las estufa, por que tu tía había puesto agua para el café.
- Si, abuelo, yo reviso. Póngase las botas y una chamarra, porque no sabemos cómo vaya a estar el clima en el llano.
